Al comenzar el curso es frecuente que algunos niños estén algo más lentos, cansados o desentrenados después del verano. Pero cuando vuelven a aparecer una lectura excesivamente lenta, errores frecuentes, dificultades para comprender, problemas de ortografía o una escritura muy costosa, conviene observar algo más que las primeras semanas de septiembre.
La pregunta importante no es solo “¿cómo está leyendo ahora?”, sino también “¿cómo terminó el curso anterior?”. Si las mismas dificultades ya estaban presentes en junio y reaparecen al volver al colegio, puede ser el momento de valorar qué está ocurriendo.
¿Es normal que al empezar el curso lea o escriba peor?
Después de varias semanas de vacaciones, muchos niños necesitan unos días para recuperar ritmo.
Puede ser normal que al principio:
- lean algo más despacio;
- cometan algún error que antes no cometían;
- estén menos concentrados;
- se cansen antes;
- necesiten recordar rutinas de trabajo;
- tengan la ortografía menos automatizada.
Estos pequeños desajustes suelen mejorar conforme vuelven a leer y escribir de forma habitual.
El problema aparece cuando las dificultades son demasiado intensas para atribuirlas únicamente al verano o cuando ya estaban presentes antes de las vacaciones.
Por eso, septiembre no debería analizarse de forma aislada.
La comparación más importante: ¿qué ocurría al terminar el curso anterior?
Este es uno de los aspectos que más información puede aportar a una familia.
Si tu hijo terminó junio leyendo con dificultad y en septiembre sigue exactamente igual, quizá no estemos simplemente ante una pérdida de práctica durante el verano.
Piensa en cómo estaba al final del curso anterior.
¿Leía mucho más despacio que otros niños de su edad?
¿Se confundía frecuentemente al leer?
¿Necesitaba releer varias veces para comprender?
¿Le costaba escribir frases o textos?
¿Cometía muchos errores ortográficos?
¿Evitaba leer siempre que podía?
¿Necesitaba ayuda constante para hacer tareas relacionadas con lengua?
Cuando estos problemas llevan meses apareciendo, esperar indefinidamente a que “madure” puede retrasar el apoyo que necesita.
Señales de dificultad en la lectura que conviene observar
No debemos valorar una posible dificultad por un único error.
Lo importante es observar si existe un patrón mantenido.
Lee demasiado despacio
Algunos niños necesitan mucho más tiempo que sus compañeros para leer un texto.
La lentitud puede hacer que toda la atención se concentre en descifrar las palabras y quede menos capacidad disponible para comprender lo que están leyendo.
Por eso un niño puede terminar una página y, cuando le preguntamos qué acaba de leer, responder:
“No sé”.
No necesariamente significa que no haya prestado atención.
Puede haber dedicado tanto esfuerzo a leer cada palabra que ha perdido el significado global del texto.
Se equivoca con frecuencia al leer
Pueden aparecer:
- omisiones de letras o palabras;
- sustituciones;
- inversiones;
- lectura incorrecta de palabras;
- dificultades con palabras nuevas;
- necesidad constante de corregirse.
Todos los niños pueden equivocarse ocasionalmente.
Lo que merece más atención es que estos errores sean muy frecuentes, persistan con el tiempo y dificulten la fluidez.
Le cuesta comprender lo que lee
La comprensión lectora no depende únicamente de saber pronunciar correctamente las palabras.
Un niño puede leer aparentemente bien y, sin embargo, tener dificultades para:
- explicar lo que ha leído;
- identificar las ideas principales;
- responder preguntas sobre el texto;
- realizar inferencias sencillas;
- recordar información importante.
Estas dificultades empiezan a hacerse especialmente visibles cuando aumenta la cantidad de texto en las asignaturas.
Señales de dificultad en la escritura
La escritura también puede proporcionar información importante.
Escribir le supone muchísimo esfuerzo
Algunos niños tardan demasiado en copiar, escribir una frase o responder una pregunta.
Pueden borrar continuamente, perderse al copiar de la pizarra o necesitar mucho más tiempo que otros alumnos.
Cuando escribir requiere un esfuerzo excesivo, el niño puede terminar evitando cualquier tarea que implique hacerlo.
Comete muchos errores ortográficos
Los errores ortográficos forman parte del aprendizaje.
No obstante, conviene observar si son mucho más frecuentes de lo esperado para su curso o si determinadas reglas trabajadas repetidamente no llegan a consolidarse.
Más que fijarnos únicamente en la cantidad de errores, debemos observar su evolución.
¿Está mejorando?
¿Comete siempre los mismos errores?
¿Parece olvidar continuamente aprendizajes que ya se habían trabajado?
Le cuesta expresar por escrito lo que sabe
A veces encontramos niños capaces de explicar perfectamente una respuesta de forma oral, pero que tienen muchas dificultades cuando deben escribirla.
Pueden redactar frases muy cortas, dejar información sin incluir, perder el orden de las ideas o bloquearse ante una hoja en blanco.
Esto puede repercutir en el rendimiento escolar incluso cuando el niño comprende correctamente los contenidos.
“No quiere leer”: ¿falta de interés o dificultad?
El rechazo a la lectura merece analizarse con cuidado.
Es fácil concluir:
“No le gusta leer”.
Pero debemos preguntarnos por qué.
Si leer supone un esfuerzo constante, el niño probablemente intentará evitarlo.
Puede decir que se aburre, distraerse, levantarse, pedir ayuda, enfadarse o intentar negociar para no hacerlo.
No siempre estamos ante falta de motivación.
A veces la evitación aparece porque la actividad resulta demasiado difícil.
Esto puede generar un círculo complicado:
le cuesta leer → evita leer → practica menos → aumenta la diferencia respecto a sus compañeros → cada vez le cuesta más.
Por eso es importante no abordar exclusivamente el rechazo.
Hay que comprender qué está provocándolo.
La necesidad constante de ayuda también es una señal
Una pregunta útil para los padres es:
¿Qué puede hacer mi hijo realmente solo?
Si necesita continuamente que un adulto:
- lea los enunciados;
- explique qué tiene que hacer;
- le diga cómo escribir una palabra;
- le ayude a comprender un texto;
- revise cada respuesta;
- le recuerde constantemente cómo continuar;
puede existir una dificultad que esté quedando parcialmente oculta gracias a la ayuda familiar.
El resultado final de los deberes puede parecer correcto, pero quizá no refleje el nivel de autonomía real del niño.
¿Cuándo dejar de esperar?
No existe una fecha concreta a partir de la cual todos los niños deban ser valorados.
Lo importante es observar la evolución y el impacto.
Conviene plantearse una valoración cuando:
- las dificultades ya estaban presentes el curso anterior;
- después de varias semanas de clase no existe una mejoría clara;
- la lectura sigue siendo excesivamente lenta o trabajosa;
- aparecen numerosos errores al leer;
- existe una diferencia importante entre lectura y comprensión;
- escribir supone un esfuerzo desproporcionado;
- los errores ortográficos son muy frecuentes y persistentes;
- necesita mucha más ayuda de la esperada para su edad;
- evita leer o escribir sistemáticamente;
- empieza a decir que no sabe, que no puede o que es “malo” en el colegio;
- los deberes relacionados con lectura y escritura generan conflictos constantes;
- el profesor también ha observado dificultades.
No es necesario que aparezcan todas estas señales.
Tampoco significa que exista automáticamente un trastorno del aprendizaje.
Significa que merece la pena comprender qué está ocurriendo.
¿Puede ser dislexia?
Cuando aparecen dificultades persistentes en lectura, muchas familias piensan inmediatamente en la dislexia.
La dislexia es una dificultad específica del aprendizaje relacionada fundamentalmente con la lectura y puede afectar a la precisión, la fluidez y otros procesos relacionados con la lectoescritura.
Sin embargo, no toda dificultad para leer significa dislexia.
Puede haber otros factores implicados, como dificultades de lenguaje, atención, comprensión, ritmo de aprendizaje, aspectos emocionales o una combinación de varias dificultades.
Por eso resulta importante evitar dos extremos:
- diagnosticar a partir de unos pocos síntomas;
- esperar durante años pensando que el problema desaparecerá solo.
Cuando existen señales persistentes, una evaluación adecuada permite conocer el perfil concreto del niño.
¿Qué es una evaluación psicopedagógica y para qué sirve?
Una evaluación psicopedagógica no debería limitarse a responder si un niño “tiene o no tiene dislexia”.
Su objetivo es comprender cómo aprende.
Puede ayudar a valorar aspectos relacionados con:
- lectura;
- escritura;
- comprensión;
- ortografía;
- atención;
- memoria;
- velocidad de procesamiento;
- estrategias de aprendizaje;
- organización;
- rendimiento académico.
La información obtenida permite identificar tanto las dificultades como las fortalezas del niño y decidir qué tipo de intervención necesita.
Esto es especialmente importante porque dos niños que parecen tener el mismo problema pueden necesitar apoyos muy diferentes.
Detectarlo pronto no significa alarmarse
Valorar una dificultad no significa etiquetar al niño.
Significa evitar que pase meses o años enfrentándose a una tarea que le supone mucho más esfuerzo sin comprender por qué.
Cuando las dificultades de lectoescritura se mantienen, pueden empezar a aparecer consecuencias que van más allá de lengua.
La lectura está presente prácticamente en todas las asignaturas.
Un niño puede tener problemas para estudiar ciencias, comprender un problema matemático o responder un examen simplemente porque leer le exige demasiado esfuerzo.
Además, con el tiempo pueden aparecer frustración, inseguridad o rechazo hacia el colegio.
Por eso la intervención temprana no consiste únicamente en mejorar la lectura.
También busca evitar que una dificultad académica termine afectando a la confianza del niño.
Qué pueden hacer los padres mientras observan la evolución
Mientras se valora si existe una dificultad, conviene mantener algunas pautas sencillas.
Evitar comparaciones
Frases como:
“Tu hermano a tu edad ya leía perfectamente”.
o:
“Todos tus compañeros lo hacen más rápido”.
no ayudan a mejorar la lectura y pueden aumentar la sensación de incapacidad.
Es más útil comparar al niño consigo mismo y valorar su progreso.
No convertir cada lectura en un examen
Corregir constantemente cada error puede hacer que leer se convierta en una actividad estresante.
Podemos acompañar y ayudar sin interrumpir continuamente.
Elegir lecturas adecuadas
Un texto excesivamente difícil aumenta la frustración.
Es preferible encontrar materiales que permitan practicar sin que cada página suponga un esfuerzo enorme.
Mantener el contacto con el colegio
La información del tutor es especialmente importante.
Preguntar cómo lee en clase, cuánto tarda en las tareas o qué dificultades observan permite comparar lo que ocurre en casa y en el aula.
No esperar únicamente a las notas
Uno de los errores más frecuentes es esperar hasta recibir malas calificaciones.
Las notas no siempre son la primera señal.
Un niño puede compensar durante bastante tiempo gracias a:
- mucho esfuerzo;
- ayuda familiar;
- buena memoria;
- apoyo del profesor;
- pocas exigencias académicas en los primeros cursos.
Cuando el volumen de lectura y escritura aumenta, esas estrategias pueden dejar de ser suficientes.
Por eso es más útil observar cómo consigue el resultado, y no solo el resultado final.
Un siete obtenido después de tres horas de ayuda diaria puede estar indicando más dificultades que un cinco conseguido de forma completamente autónoma.
¿Cuándo puede ayudar la psicopedagogía?
La psicopedagogía puede ayudar cuando existen dificultades persistentes relacionadas con la lectura, la escritura, el aprendizaje o la autonomía escolar.
El objetivo no es únicamente practicar fichas.
Una intervención adecuada debe partir de las necesidades concretas del niño y trabajar aquellos procesos que están dificultando su aprendizaje.
Cuando existen dudas sobre dislexia u otras dificultades específicas, una valoración permite decidir qué intervención es realmente necesaria.
Si las dificultades estaban en junio y siguen en septiembre, conviene observarlas de cerca
Los primeros días de colegio requieren adaptación.
Pero septiembre no debería utilizarse para empezar de cero la observación de una dificultad que ya estaba presente varios meses antes.
Si tu hijo terminó el curso leyendo con mucha dificultad, necesitando ayuda constante o mostrando rechazo hacia la lectura y la escritura, y estas señales vuelven a aparecer al comenzar el nuevo curso, puede ser un buen momento para valorar la situación.
Esperar tiene sentido cuando existe una evolución positiva.
Cuando las dificultades persisten, comprender qué ocurre suele ser más útil que seguir esperando.
¿Te preocupa la lectura o la escritura de tu hijo?
Si observas que tu hijo lee con excesiva lentitud, comete muchos errores, tiene dificultades para comprender, escribir le supone demasiado esfuerzo o necesita ayuda constante, en D-Letras podemos orientarte y valorar qué está dificultando su aprendizaje.
Puedes consultar nuestro servicio de psicopedagogía, conocer todos nuestros servicios o contactar con nuestro equipo para solicitar información.
D-Letras ofrece atención personalizada en Madrid y en zonas como Sanchinarro, Las Tablas, Montecarmelo, Aravaca, Pozuelo y Majadahonda, con posibilidad de intervención a domicilio según el servicio.







